Galicia es una tierra de enigmas tallados en granito, de huellas que se pierden en la espesura de la historia. Sus dólmenes, petroglifos y castros han sido testigos mudos de civilizaciones olvidadas, hasta que un hombre decidió escucharlos con la paciencia de quien traduce un idioma antiguo. Ese hombre fue Florentino López Cuevillas (1886-1958), el gran arqueólogo gallego, un humanista meticuloso que no solo descifró el pasado de Galicia, sino que supo darle un sentido dentro de la cultura europea.
Si Galicia tiene una historia antes de Roma, si su mundo castrexo no quedó reducido a mitos, es en gran medida gracias a su labor. Cuevillas no solo fue un arqueólogo; fue un intelectual que entendió el pasado como una clave para comprender el presente. Su método, riguroso y profundamente analítico, se convirtió en la piedra angular de los estudios prehistóricos gallegos, estableciendo una mirada científica donde antes había meras conjeturas.
Nacido en Ourense en 1886, Florentino López Cuevillas se formó en Ciencias Exactas y en Filosofía y Letras, un equilibrio entre la precisión del número y la intuición de la palabra que marcaría su carrera. Destacó como miembro de la Xeración Nós, el grupo de intelectuales galleguistas que, bajo la influencia de figuras como Vicente Risco y Otero Pedrayo, se propuso dar a Galicia una conciencia de sí misma.
Pero, a diferencia de otros miembros de la Xeración, Cuevillas no se dedicó a la literatura ni a la política con el mismo fervor que sus compañeros. Su campo de batalla fue la arqueología, donde aplicó una metodología minuciosa y moderna que le permitió reinterpretar el pasado gallego. Mientras algunos veían en los castros meros vestigios de una civilización bárbara, él supo intuir la complejidad de sus estructuras sociales, económicas y religiosas.
En palabras de Goethe, “el pasado está lleno de enigmas que solo la paciencia del investigador puede descifrar”. Cuevillas hizo de la paciencia su mayor virtud, construyendo una visión científica de la prehistoria gallega que todavía hoy es referente.
Uno de los mayores aportes de López Cuevillas fue su estudio de la cultura castrexa. Hasta su tiempo, la arqueología gallega era poco más que una disciplina anecdótica, basada en hallazgos aislados y teorías sin fundamento. Él introdujo un método científico basado en el análisis sistemático de los yacimientos, comparando Galicia con otras regiones atlánticas y trazando paralelismos con culturas como la celta y la indoeuropea.
Su obra «La civilización céltica en Galicia» (1953) fue un hito en la arqueología gallega. En ella, no solo desmintió la idea de que los castros eran aldeas primitivas, sino que reveló su sofisticada organización, su arquitectura adaptada al entorno y su sistema de creencias. Demostró que la Galicia prerromana no era un territorio aislado, sino un nodo de intercambio comercial y cultural con otros pueblos del Atlántico europeo.
Este análisis lo llevó a profundizar en el papel de los petroglifos, las inscripciones rupestres que pueblan el paisaje gallego. Para él, no eran meros adornos o supersticiones, sino parte de un complejo sistema simbólico, una escritura primitiva que hablaba de la relación entre el ser humano y su entorno.
A pesar de su dedicación a la arqueología, Cuevillas nunca dejó de lado su compromiso con Galicia. Su vinculación con la Xeración Nós lo convirtió en un pensador clave del galleguismo, aunque desde una perspectiva más académica que política. Creía en la importancia de dotar a Galicia de una identidad propia basada en el conocimiento de su historia, en una reivindicación cultural que no se apoyara en mitos sino en la investigación rigurosa.
Su legado va más allá de sus hallazgos arqueológicos; fue un intelectual que supo conectar la historia con la identidad, la ciencia con la conciencia de pueblo. Su trabajo fue un puente entre el pasado y el futuro de Galicia, un esfuerzo por comprender lo que fuimos para definir lo que podemos ser.
En la actualidad, el nombre de Florentino López Cuevillas sigue siendo sinónimo de rigor y erudición en la arqueología gallega. Sus estudios sobre los castros, los petroglifos y la cultura prerromana siguen siendo referentes, y su manera de entender Galicia como parte de un conjunto atlántico ha inspirado a generaciones de investigadores.
Quizá, si pudiéramos preguntarle qué le atrajo tanto del pasado, respondería con palabras de Rainer María Rilke: “El pasado es un extranjero que habita en nosotros”. Cuevillas dedicó su vida a dialogar con ese extranjero, a rescatarlo de las sombras del tiempo y devolverlo al presente con la luz del conocimiento.
Galicia, tierra de memoria y de piedra, le debe a él gran parte de su historia escrita.